El EPA y el DHA reducen el riesgo de enfermedad cardíaca, pero las dosis altas pueden desencadenar fibrilación auricular
Una revisión de 2025 sintetiza mecanismos y evidencia clínica que demuestran que los omega-3 protegen el corazón, con una importante advertencia dependiente de la dosis.
Resumen
Esta revisión de 2025 realizada por Djuricic y Calder sintetiza la evidencia publicada entre 2020 y 2025 sobre cómo el EPA y el DHA —los ácidos grasos omega-3 de origen marino presentes en el pescado azul y los suplementos de aceite de pescado— protegen la salud cardiovascular. Los autores detallan múltiples mecanismos biológicos: reducción de triglicéridos, efectos antiinflamatorios a través de mediadores pro-resolutivos especializados, actividad antitrombótica, mejora de la función endotelial, modulación del microbioma intestinal y regulación del sistema nervioso autónomo. Grandes estudios de cohortes y metaanálisis vinculan de forma consistente una mayor ingesta o mayores niveles en sangre de EPA y DHA con reducciones de entre el 18 % y el 47 % en eventos coronarios. Sin embargo, la suplementación en dosis altas —en particular de DHA— puede paradójicamente aumentar el riesgo de fibrilación auricular a través de la modulación del canal iónico PIEZO1 y un incremento del tono vagal, lo que sugiere una relación dosis-respuesta en forma de U.
Resumen detallado
La enfermedad cardiovascular sigue siendo la principal causa de muerte en el mundo, a pesar de una disminución de aproximadamente el 35% en la mortalidad por ECV entre 1990 y 2022. Entre las intervenciones dietéticas, el EPA y el DHA —ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga n-3 concentrados en pescados grasos y aceites marinos— han acumulado evidencia sustancial de cardioprotección. Esta revisión narrativa de 2025 de Djuricic y Calder (Universidad de Belgrado y Universidad de Southampton) sintetiza la evidencia mecanística y clínica más reciente, con foco en artículos publicados entre 2020 y 2025, integrando al mismo tiempo trabajos fundacionales anteriores.
Los autores identifican seis vías biológicas principales a través de las cuales el EPA y el DHA reducen el riesgo cardiovascular. En primer lugar, ambos ácidos grasos disminuyen los triglicéridos plasmáticos al potenciar la oxidación hepática de ácidos grasos, suprimir la síntesis de VLDL y mejorar el aclaramiento de las lipoproteínas ricas en triglicéridos; además, las N-acil taurinas derivadas del DHA también inhiben la absorción intestinal de lípidos. En segundo lugar, el EPA y el DHA ejercen potentes efectos antiinflamatorios al inhibir la señalización de NF-κB, reducir los niveles circulantes de IL-6, IL-1β y TNF-α, y generar mediadores pro-resolutivos especializados (resolvinas, protectinas, maresinas) que resuelven activamente la inflamación —algo crítico dado que la inflamación de la placa impulsa tanto la progresión de la aterosclerosis como su rotura—. En tercer lugar, el EPA y el DHA modulan el eje intestino-corazón al restaurar la relación Firmicutes/Bacteroidetes, aumentar la producción de butirato y reforzar la integridad de la barrera intestinal, limitando así la endotoxemia sistémica. En cuarto lugar, ambos ácidos grasos ejercen efectos antitrombóticos al desplazar el ácido araquidónico de los fosfolípidos plaquetarios, desplazando la producción de tromboxano desde el potente TXA₂ proagregante hacia el más débil TXA₃, y al estimular la óxido nítrico sintasa endotelial. En quinto lugar, el EPA y el DHA reducen la actividad protrombótica de las vesículas extracelulares derivadas de plaquetas. En sexto lugar, al enriquecer las membranas de los cardiomiocitos y las neuronas, mejoran el tono vagal, reducen la frecuencia cardíaca en reposo y aumentan la variabilidad de la frecuencia cardíaca.
Desde el punto de vista epidemiológico, grandes análisis de cohortes prospectivos y metaanálisis respaldan de manera consistente estos mecanismos. Un análisis agrupado de 17 estudios de cohortes encontró que una mayor ingesta dietética de EPA + DHA se asoció con un 18% menos de riesgo de cualquier evento de cardiopatía coronaria, una reducción del 19% en la muerte coronaria fatal, una reducción del 23% en los eventos coronarios y una notable reducción del 47% en el riesgo de muerte cardíaca súbita, a lo largo de un seguimiento medio de 12,5 años.
Un matiz crítico surge en relación con la fibrilación auricular (FA). La revisión detalla cómo el DHA ralentiza la inactivación del canal iónico mecanosensible PIEZO1 en los cardiomiocitos y fibroblastos auriculares, prolongando los potenciales de acción y aumentando el riesgo de posdespolarizaciones tardías. Las dosis altas de EPA y DHA también amplifican el tono vagal hasta un grado que puede ser proarrítmico. Esto genera una respuesta dosis-respuesta en forma de U: las ingestas moderadas son cardioprotectoras, mientras que la suplementación en dosis altas —como se observó en varios ensayos clínicos aleatorizados recientes de gran escala— puede aumentar la incidencia de FA, en particular cuando predomina el DHA.
Los autores concluyen que una ingesta moderada de EPA y DHA (equivalente a consumir pescado graso 2-3 veces por semana) parece tanto segura como protectora en la población general. Las formulaciones de EPA solo en dosis altas (por ejemplo, 4 g/día de ácido eicosapentaenoico en forma de éster etílico, como en el estudio REDUCE-IT) pueden ofrecer beneficios adicionales en personas de alto riesgo con triglicéridos elevados, aunque el riesgo de FA debe monitorizarse. El estatus global de omega-3 sigue siendo subóptimo —solo Japón, Noruega, Alaska y Corea del Sur alcanzan de manera consistente valores deseables del índice de omega-3 (>8%)—, lo que pone de relieve una brecha generalizada entre la ingesta real y la recomendada.
Hallazgos clave
- Higher EPA + DHA intake linked to 18% lower coronary heart disease risk and 47% less sudden cardiac death in pooled cohort data.
- EPA and DHA lower triglycerides via PPARα activation, reduced VLDL synthesis, and DHA-derived N-acyl taurine inhibiting intestinal lipid absorption.
- Specialized pro-resolving mediators (resolvins, protectins) from EPA/DHA actively resolve arterial plaque inflammation, not merely suppress it.
- High-dose supplementation may increase atrial fibrillation risk via DHA-mediated PIEZO1 channel slowing and enhanced vagal tone—a U-shaped dose response.
- Most global populations have suboptimal omega-3 index levels (<6%), representing a modifiable cardiovascular risk factor at population scale.
Metodología
Se trata de una revisión narrativa que sintetiza la literatura publicada entre 2020 y 2025, integrada con estudios fundacionales anteriores de referencia. La evidencia abarca estudios mecanísticos (cultivos celulares, modelos animales), grandes análisis de cohortes prospectivos, metaanálisis y ensayos controlados aleatorizados. No se reporta ningún protocolo de búsqueda sistemática formal ni metodología PRISMA.
Limitaciones del estudio
Como revisión narrativa y no sistemática, la selección de estudios puede introducir sesgos y las conclusiones podrían no representar la totalidad de la evidencia disponible. Los resultados de los ensayos controlados aleatorizados han sido muy variables, en parte debido a diferencias en la dosis, la proporción EPA/DHA, la formulación, la dieta de base y los niveles iniciales de omega-3, lo que dificulta establecer recomendaciones clínicas uniformes. El mecanismo propuesto de fibrilación auricular mediado por PIEZO1 está respaldado principalmente por datos experimentales y requiere una validación adicional en ensayos clínicos con humanos.
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